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El amor en tiempos de la neurociencia en el Centro de Cultura Digital

Se ha escrito mucho con el fin de explicar el fenómeno del amor. Desde algunas perspectivas, el amor puede reducirse al flujo de ciertas sustancias químicas que a través del torrente sanguíneo. Desde otras trincheras, el amor es un fenómeno social regulado culturalmente. Es decir que las explicaciones que se tengan dependerán de las tecnologías con las que se interpela al amor.

El amor en tiempos de la neurociencia en el Centro de Cultura Digital

En las últimas décadas, la neurociencia ha incursionado en el terreno de la biología del amor y con la ayuda de herramientas tecnológicas de imágenes cerebrales, se ha podido mapear a sujetos enamorados en distintos tipos de escáneres.

Investigaciones tales como las realizadas por Semir Zeki o Helen Fisher, plantean que el amor puede reducirse a la activación de correlatos nerviosos diseminados en el cerebro humano: el núcleo caudado (zona del cerebro que también está presente en los reptiles), el nucleo accumbens y el área ventral tegmentaria. Y que, además, la activación de estas zonas −el “circuito del placer”− promueven la liberación de la famosa hormona dopamina −la droga “hedónica”−, así como de la oxitocina y la testosterona, hormonas necesarias para la reproducción. De esta manera, la propuesta biológica para definir el amor está relacionada con las hormonas adictivas, con placer, con impulsos sexuales, con el cerebro y con la premisa evolutiva de la necesidad de reproducirnos, no sólo presente en los seres humanos sino también en otras especies.

No obstante, el fenómeno amoroso sucede en contextos culturales específicos, que tienen normas y valores en cuanto a lo que es permitido y lo que no lo es.

Por ejemplo, en sociedades como la esquimal o la musulmana, se permite amar a muchas mujeres al mismo tiempo, y también reproducirse con todas ellas, mientras que en sociedades de ascendencia judeocristiana, la monogamia y la fidelidad se consideran valores legítimos.

De manera que la dimensión social del amor aborda las formas discursivas, las representaciones simbólicas y los ritos de transición que limitan las condiciones de posibilidades para amar y ser amado en una so­ciedad determinada, en un tiempo dado. Por tanto, esas normas culturales también tienen una influencia en la biología.

En este diálogo interdisciplinario se pretende tomar en cuenta muchas de estas aseveraciones y buscar respuestas a través del diálogo entre la biología y la cultura. 

En este contexto resultará pertinente preguntarse por qué el amor es adictivo, por qué provoca actividad similar a la que se tiene con la ingesta de MDMA, si el amor se siente igual entre hombre y mujeres, la promiscuidad y la fidelidad pueden ser influenciados bioquímica y socialmente, o incluso si los animales no humanos aman o es solamente una experiencia humana.

La cita es este jueves a partir de las 18:30 horas en el Centro de Cultura Digital.

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