Últimas noticias

Los ambulantes: ¿Mafias o resultado del sistema económico en la ciudad?

En las últimas semanas ha resurgido un tema que por décadas se ha evitado resolver y que, también por décadas, ha crecido exponencialmente: los vendedores ambulantes. Sin duda, es un asunto de las grandes ciudades, cuyo máximo ejemplo es la capital del país.

Los ambulantes: ¿Mafias o producto del sistema económico en la ciudad?

Resurgió por diversos factores: a nivel nacional, por la escalada de impuestos que se aprobaron para este 2014; lo cual hizo que algunos sectores de la sociedad, funcionarios públicos y articulistas se cuestionaran por qué muchos tendrían que pagar más a Hacienda y los ambulantes no, y por ello veían con buenos ojos el IVA generalizado (aplicado a medicinas y alimentos) para que así “todos paguen parejo”, incluidos tales vendedores. En el ámbito local, se puso de nuevo al centro del debate debido al aumento del precio en el boleto del metro de tres a cinco pesos y la promesa de que con lo recaudado se expulsaría a los ambulantes de los vagones (cuando para ello hace falta voluntad, más que dinero), aunque es un tema que siempre ha estado en la lista de los asuntos a resolver.

El ambulantaje es una cuestión principalmente económica. Una respuesta ante la forma en que están estructurados el sistema laboral y la comercialización de las mercancías. Los vendedores ambulantes representan una válvula de escape ante un sistema económico-social que no ofrece empleos bien remunerados ni oportunidades para el desarrollo, mucho menos una adecuada educación para conseguir un empleo que satisfaga las necesidades de buena parte de la población.

Por lo anterior, el caso de los vendedores ambulantes en el metro no es un asunto solamente de seguridad pública, como se ha querido ver (al igual que el narcotráfico), sino que se relaciona intrínsecamente con la forma en que está estructurada la economía de la ciudad y del país, y es un resultado de ésta. Si no hay empleo ni educación, en un sistema capitalista la población tiene que buscar un medio de subsistencia para satisfacer sus necesidades. Por otro lado, si el dinero no me alcanza para comprar algo de calidad y original, recurro a los vendedores que van de vagón en vagón, quienes ofertan productos baratos o piratas, aunque no cumplan con estándares de calidad; es decir, los ambulantes existen también porque hay un mercado que compra lo que venden, así de sencillo. ¿Quién no ha sucumbido a la tentación de comprar algo en el metro?

A sabiendas de esto, se ha desatado una campaña de ataques contra los ambulantes y, lo que resulta peor, contra los propios vendedores, es decir, contra las personas que encuentran en este medio una forma de subsistencia, y no contra la estructura económica que propicia que se dé esa forma de comercialización de mercancías. No quiero decir con ello que no haya mafias que controlan el ambulantaje en el metro, o que no sean molestos los bocineros ni que los vendedores no afecten el traslado diario de millones de personas.

Lo que no podría aceptar es que se vea únicamente como un problema de seguridad pública y que todo se piense resolver con la prohibición y su expulsión de los vagones. Sin duda, las autoridades capitalinas tienen una mirada miope, les falta imaginación y sensibilidad para enfrentar este asunto, o simplemente no quieren resolverlo para no afectar intereses o por pereza.

Y es que ¿adónde irán los cientos de ambulantes (ni siquiera hay cifras oficiales al respecto) cuando sean expulsados del metro? ¿A qué se dedicarán si su fuente de ingresos relativamente segura se les cierra? ¿Qué será de las decenas de mendigos, campesinos, niños, ancianos y ciegos que diariamente solicitan una limosna a los viajantes? ¿En dónde se harán de dinero los músicos y artistas que piden una cooperación mientras –eso sí– alegran el día de los usuarios?

Para cerrar, aquí algunas ideas que con sólo reflexionar un poco y viendo de forma integral el tema, pueden surgir:
  • Regular el comercio ambulante (debido a que existe un mercado que lo sostiene) a partir de reglas claras y transparentes para no afectar el traslado de los usuarios (por ejemplo, sin ruidos molestos ni venta de piratería de cualquier tipo), que incluya el registro de los vendedores y lo que oferten, prohibición del trabajo infantil, una cuota mínima para solventar la administración de este sistema y un aparato de seguridad adecuado para ello. Con lo anterior se quitaría el poder a las mafias que controlan el ambulantaje.
  • Promover un programa para que los ambulantes que lo deseen puedan integrarse de alguna forma como empleados del Sistema de Transporte Colectivo Metro; por ejemplo, como despachadores o en limpieza, monitoreo y hasta seguridad (¿se imaginan un ambulante convertido en policía?). Esto implicaría quitarle poder al sindicato de trabajadores –de afiliación priista– que controla las plazas del metro, lo cual se ve difícil, pero posible si en verdad se quiere mejorar. Además, con el aumento del boleto del metro se dijo que se contrataría a más personal.
  • Impulsar un programa para que limosneros, invidentes, discapacitados, niños y ancianos que piden dinero puedan reintegrarse a la sociedad a través de centros de apoyo, empleadores, albergues, asilos y, sobre todo, escuelas, poniendo énfasis en la comunidad infantil.
  • Crear espacios dentro de las estaciones del metro para los vendedores y para los músicos, en donde puedan ofrecer sus mercancías y arte sin problemas. 
Son sólo algunas ideas… Hay que estar atentos a las acciones que se emprendan.

Publicado en CIUDAD ÍNTIMA por Ricardo Cruz García.

Recibe las publicaciones en tu correo:


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Orgulloso Citadino Designed by Templateism.com Copyright © 2016

OrgullosoCitadino.com | Optimizado para una resolución de 1366 x 768 px. Imágenes del tema: lobaaaato. Con la tecnología de Blogger.