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Se estrena "Elena" en la Cineteca Nacional

Se estrena "Elena" en la Cineteca Nacional
Debe ser por su transparencia, por sus imágenes redondeadas de sentido simbólico, por su afán de comunicar el conflicto interior humano y el conflicto desintegrador social que la película Elena (2011) ha recogido comentarios positivos alrededor del mundo. El filme de Andrei Zvyagintsev inició su recorrido por las pantallas alternas de la Cineteca Nacional, y llega a México siendo merecedor de varios galardones, como el Premio Especial del Jurado -Una Cierta Mirada- que el Festival de Cannes le concedió el año pasado.

El filme describe la peculiar historia de Elena, enfermera pensionada de origen humilde, con esposo adinerado e hijo, Sergey (producto de otro matrimonio), incapaz de sacar adelante a su propia familia oprimida por la pobreza. Su marido, Vladimir, también tiene otra hija de un anterior matrimonio y se niega a apoyar financieramente al hijastro chelero y haragán, cuyo hijo, Sasha, apunta a alistarse en el ejército por falta de medios para llegar a la universidad, algo que al chico poco le interesa porque lo mero suyo son los catorrazos y las pandillas. Sergey, quien presiona a la mamá para que a su vez presione al marido por dinero, recién ha dejado embarazada a la esposa. Las cosas comienzan a tensarse cuando un paro cardiaco pone a Vladimir en el hospital y lo obliga a definir cómo y a quién heredará sus bienes. Así de pronto Elena encara el dilema sobre a quién deberá brindar su apoyo luego de que el convaleciente esposo le hace saber su decisión.

A Zvyagintsev se le tiene presente por El regreso (2003), su primera película en la que también trabaja una trama familiar y que lo colocó en el ojo de la crítica especializada. A este cineasta lo define un estilo “lento”, como suelen decir los críticos no especializados. Sucede que, en la forma en que en el cine de Zvyagintsev transcurren las escenas, hay una preocupación porque las cosas se expliquen a través de las imágenes y no del texto, no de la palabra. No son siempre las acciones las que nos definen a sus personajes, sino la manera en que éstos quedan insertos en un planteamiento visual del autor.

Hay que ver la manera en que este director ruso se las arregla para esto. La película inicia con una toma desde el exterior en la que observamos uno de los costados del piso que habita Elena (Nadezhda Markina), en Moscú. En primer plano, un árbol deshojado. Así transcurren segundos, en los que también percibimos aves posándose en las ramas. Luego de un corte, Zvyagintsev y su cinefotógrafo Mikhail Krichman nos muestran aspectos interiores de la residencia algo exclusiva, algo solitaria, algo inanimada. No hay acción, no hay ruido, no hay dinamismo, no hay vida. Mediante esa economía de encuadres el director ya nos hizo saber que se trata de una casa lujosa pero con carencias de naturaleza no material. Y es en ese tenor que Zvyagintsev comienza su narración, construyendo una sintaxis a base de imágenes elocuentes.

En Elena, la cámara nos ofrece varios encuadres en los que se deposita una representación, un concepto, del acontecer interno-mental-psicológico de los personajes. Principalmente consigue trazar el encierro, la dislocación que aqueja a Elena: A menudo la vemos enmarcada en una composición fragmentada en líneas verticales, como acomodada en una mampara definida por muros o puertas, o bien en un multireflejo de espejos, a la vieja usanza de los directores experimentales.

Una similar operación de la cámara se empeña en capturar la minuciosidad de la vida, detalles aparentemente superfluos pero que dotan de realismo a la ficción y de singularidad a sus protagonistas. Y, adicionalmente, esa misma cámara en ocasiones se moviliza y captura a los personajes desde otro sitio ─no desde el que ellos ocupan─ y los acomete sutilmente desde afuera de la sala o la recámara para representar siempre tiempo y espacio, y con ello un particular punto de vista (del autor) que llega a ser también perspectiva del espectador. Es esta ‘mirada’ de Zvyagintsev-Krichman que enriquece la narrativa del filme, que también se quedó con el Gran Premio en el Festival Internacional de Ghent.

La problemática familiar retratada en Elena da cuenta de un malestar que aqueja a una sociedad que todavía resiente los cambios producidos hace décadas en lo socioeconómico y en lo político. La protagonista divide su existencia entre dos hogares, el de su hijo Sergey y el que comparte con Vladimir, a quien su hija, Katerina, rechaza decididamente. Dos hogares que contrastan por sus circunstancias financieras, pero que por igual son retrato de una (des)composición social latente.

Por ello es que la Rusia que persiste en Elena es esa Rusia con raspones sociales producto de la desigualdad, el desempleo y la ineficiencia de las políticas gubernamentales. En una sociedad así, las condiciones materiales determinan comportamientos, aspiraciones y propósitos de lucha. Lo que veremos perpetrar a Elena en el filme de Zvyagintsev, alejado de intenciones moralistas, no es más que un asomo de aquello que habita muy adentro en el ser humano, y que lo empuja a aferrarse a la vida y a procurar la sobrevivencia.

Para información sobre las sedes y horarios de proyección de Elena, se puede consultar: http://www.cinetecanacional.net/ficha.php?cvePel=10354&o=2
Con información de Comunicación Social CONACULTA.


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